Hoy comprendo la felicidad, la afinidad, el sentido de pertenencia y la alegría de mi hija por su colegio, tal vez mi concepción de la educación de la EPE tenía dudas con respecto al manejo diferente de las situaciones de vida que ella me compartía al llegar a la casa, pero ayer, después de organizar mi agenda "muy ocupada" logre dedicarme un DIA DE VIDA, para mi pequeña, donde encontré de nuevo la felicidad de ser niño, de volver a entender que la vida es simple y maravillosa, que lo que era un regalo para su infancia fue un regalo para mí.
Me recogió la ruta a las 5:30 a.m. aún dormido pero lleno de expectativas, me asignaron puesto y comenzó mi viaje hacia la EPE, mi niña me presentó a los compañeros de ruta, a sus profesores y a la moni, quien cumplió bien su labor pues nos llamó la atención por ruidosos, después de recorrer parte de la ciudad comenzó la subida a la Calera y la expectativa fue mayor, por fin llegamos al cole, muerto de frío hice el primer reconocimiento del cole, me presentaron a Luisa la perrita que juega con los chicos, sonó el timbre y nos llamaron a la clase de educación física, afortunadamente me dejaron en las gradas, pues si hubiese hecho ejercicio estaría adolorido, comenzó a lloviznar y nos mandaron a clase.
Estábamos en el relajo habitual, cuando entró el pro (como dice mi hija). Edward, un man medio corrido, quien nos explicó como hacer una terraza con mier... de vaca, caballo, oveja y demás animales que comen pasto, nos explicó el por qué de las terrazas y sus usos desde la antigüedad hasta la actualidad, cuando llegamos al momento más interesante, escuchamos el timbre, cambio de clase, aparece ante la puerta una hija de esquimales (y la comprendo) es la pro de música, mi hija me explica a lo que me voy a enfrentar
La ruta del ritmo
¡Virgen del Perpetuo Socorro! Hacemos dos grupos, la competencia se pone pesada, me separan de mi hija, mis compañeritos me animan, pues así sea el Papá me toca participar, me enseñan el truco, y paso al ruedo, todavía temeroso por el oso, me va bien y recibo mi primer punto, es felicidad total, hasta mi hija esta que no cabe de la dicha, seguimos en el juego y comprendo que he aprendido a llevar el ritmo, cosa que nunca logre en mi primaria, primer punto para la EPE.
Entramos al primer descanso, al fin algo caliente, chocolate con arepa, muy deli, jugamos un rato, en el bosque, pasamos a la arenera y mi hija trepa a un árbol "que horror, mi hija en un árbol", otra vez, se me olvido mi infancia en la finca de mis abuelos, a esta altura ya estoy medio embarrado, nos vamos al siguiente bloque, entra la pro Pato, nos lee una historia sobre tejas voladoras, paso a seguir hacemos grupos y comienza la segunda parte de la clase, vamos a hacer un cuento entre todos. Dios Mío, me toca comenzar a pensar, mis compañeritos y mi hija no le quitan el ojo de encima a la pro, hay una participación total, como me hubiera gustado tener una clase participativa en mi primaria, en lo mejor del cuento la pro nos deja tarea, terminar el cuento y hacer un dibujo sobre el mismo, me siento triste quería terminar la actividad, pero lo que sigue es mejor.
Nos vamos en manada y en desorden para el salón de los espejos, allí nos sentamos al rededor de la pro, quien nos comienza a narrar una historia, todos estamos lelos y participativos, me cautiva la historia y más aún la actitud de los niños nunca pierden el ánimo de aprender y participar sin necesidad de obligarlos, termina el cuento y suena de nuevo el timbre hora de almorzar, salimos en desbandada para el comedor.
Allí, de nuevo me dan la libertad de elegir que deseo comer, estoy indeciso pero mi hija que es una dura sobre el tema me asesora sobre lo que debo pedir, nos sentamos y los pro nos acompañan, compartimos todos en comunidad somos iguales adultos y niños en un mundo perfecto sin barreras de edad, terminamos el almuerzo ya con las baterías recargadas salimos a jugar.
Volvemos al bosque mi hija me enseña a respirar en la naturaleza, volvemos al arenal, me lleva por la media torta, me sube por unos barrancos y terminamos en el chuzo, al fin un descanso después de semejante travesía, a esta altura ya estoy totalmente embarrado pero muy feliz, bajamos por una trocha y llegamos al salón de artes, otro pro con pinta extraña, mi hija se apodera del sitio, corre, juega, pinta, salta, escala, pregunta, construye su propio mundo sin reparos y con absoluta autoridad.
Sergio el pro me dedica unos momentos, su mirada es la misma que tiene los pro con los cuales he compartido, absoluta tranquilidad, armonía, paz y amor hacia lo que hacen y hacia mi hija y sus compañeritos, me enseña que mi hija es especial y en el Cole lo que buscan es dejarlos ser para encontrarles sus potenciales y poderlos guiar, me uno al juego, termino haciendo aviones de papel, dibujando en las paredes y haciendo vitrales con mi hija, que ORGULLO COMO PADRE, saber que mi encontré de nuevo la felicidad de ser niño, de volver a entender que la vida es simple y maravillosa … hija es feliz.
Suena el timbre, última clase, entra la pro de ingles, todavía estamos hiperactivos por el descanso y ella cariñosamente nos organiza en grupos, jugamos y aprendemos ingles, todo es alegría y felicidad, en el último bloque de la clase de ingles, nos piden dibujar el futuro como lo vemos los niños, y aunque me esfuerzo por hacer mi dibujo ( MI FINCA, MI CARRO BMW, MI YATE, MI PERRO, MI CASA CAMPESTRE), lo único que veo en los ojos de mis compañeritos es la esperanza de que en un futuro sus papitos compartieran un día con ellos, pues ellos lo único que buscan en su corta vida es el amor y afecto de sus padres, por sus cabecitas no cruza la idea de tener dinero, ni propiedades ni lo último en tecnología, su búsqueda se basa en tener un padre a su lado que lo ame y no lo grite, que lo comprenda y no lo reproche, que lo deje ser y no tener.
Por última vez para mí, suena el timbre, se siente en el ambiente la duda de si terminar la clase o seguir por siempre y hacer caso omiso del timbre, pero de nuevo la pro empuja su redil hacia sus casas, se me acabo la dicha, otra vez a la rutina de mi trabajo y mi vida estática.
Mientras recogemos nuestras mochilas corremos hacia los buses, unos preocupados por otros, grandes y pequeños como una masa alegre y en carnaval, carnaval de vida para mi hija y los demás. En mi última reflexión, lo único que añoro es volver a mi infancia, donde mis padres aun me consideraban de carne y hueso y con sentimientos, y no un mueble más de la casa al cual hay que surtir y remodelar cada vez que lo pida.
De vuelta a la casa, cansado, mamado y con un sueño tenaz comparto los últimos instantes de esta aventura con mi hija, ella en la misma situación, lo único que me pide, me implora y suplica es que comparta otro día con ella, no importa que sea en mil años, me abraza, me da picos, se recuesta en mi regazo y me dice las palabras que pulverizan el corazón de un padre: TE AMO Y NUNCA TE VOY A DEJAR, GRACIAS POR SE MI PAPITO.
Agradecimientos especiales, a los profesores, alumnos y personal administrativo, de la EPE quienes me enseñaron a ver la vida desde la óptica de mi hija.
Cordialmente,
JOSÉ FERNANDO MOLINA
Padre de Maria José
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