E.P.E. - Escuela Pedagógica Experimental
Ubicación: - Inicio -Pedagógico

El lenguaje y oralidad en la escuela

Sábado 20 de mayo de 2006, por Dino Segura, Gildardo Moreno

Compartimos un fragmento del texto Arte y Lenguaje, Creatividad y Oralidad de los investigadores de la EPE Gildardo Moreno y Dino Segura, con el fin de generar una reflexión alrededor de los temas de lectura y escritura.

Sin embargo, para nosotros como educadores, es sumamente grave la existencia de una escuela en la que la creatividad, la imaginación, la invención, el error y las búsquedas auténticas ya no existen, o se sancionan. Ello es muy grave para la escuela, para los niños y para el país.

Es muy grave para la escuela que el sujeto que aprende deba abandonar las posibilidades de ver de una manera diferente, que tenga que conformarse y limitarse con el aprendizaje de los resultados, que tenga que callar por temor a equivocarse y que, con ello, en el colmo de la represión, llegue a negar y negarse la posibilidad de invención. Con la ocultamiento del error, que es evidencia de aprendizaje, la pasividad se convierte en un valor.

Ahora bien, lo que estamos viendo en la actualidad desde muy diversos ángulos, es la tendencia a volver a unir. La necesidad que se está planteando es la de volver al todo con la perspectiva de darle sentido a la vida. Una de las perspectivas teóricas que plantean el problema y la necesidad de articular es la teoría de sistemas y, en particular, las discusiones desde la complejidad.

Son muchos los aspectos y discusiones que podrían suscitarse de estas reflexiones, entre ellas lo que tiene que ver con el lenguaje. Si bien se ha argumentado ya la importancia que posee la metáfora en el acto creador, sea en arte, en la ciencia o en la esquizofrenia (ver por ejemplo, a N. Goodman o G. Bateson o S. Pierce) un elemento menos explorado en nuestro medio y que no ha sido tematizado en la escuela o para la escuela, es la diferencia que existe entre el lenguaje oral y el lenguaje escrito.

Lo que se encuentra con frecuencia es una valoración muy especial del lenguaje escrito sobre el lenguaje oral, hasta el punto de colocar en un lugar de privilegio el discurso escrito para la comunicación de experiencias o investigaciones, para sistematizar actividades (“lo que no se publica no existe”), como criterio de validación del conocimiento. Al respecto recordemos que la Biblia, libro fundacional de nuestra cultura, se consideraba antiguamente el depositario de la verdad revelada; así mismo, Gutemberg con su invento contribuyó a crear el imaginario de que lo que se concebía como verdad, debería tener la característica de lo impreso es decir : objetividad, universalidad, linealidad, e independencia del contexto.

De igual manera en nuestras instituciones el lenguaje escrito se reconoce para dar “verdadera cuenta” de la comprensión.

En esto es tan insistente la escuela que en el aula de clase trata de minimizarse lo oral frente a lo escrito a través de la muy difundida imagen de que lo oral no merece confianza , pues todo lo que se afirme desde allí es “carreta” como dicen algunos, o asistemático e ilegitimo, como afirman otros, pues la aspiración es la de que los chicos aprendan el lenguaje ”verdadero” es decir el de la norma, porque el lenguaje escrito más que el oral está inmerso en la formalización normatizada.

La escritura, que tiene sus orígenes como factor de globalización, precisamente en la misma época en que surge la ciencia y la técnica moderna, se convierte no solo en su principal medio de difusión, sino también en el vehículo de transmisión de la filosofía, el derecho, la tradición literaria y la religiosa dado que es a través de este que la cultura registra lo que considera de mayor relevancia. De ahí que instituciones de regulación social así, como la escuela, no hubieran sido posibles sin la escritura.

La escritura ha sido avasalladora desde sus inicios invisibilizando el reconocimiento de otras formas de comunicación, en particular la comunicación oral. Si bien es cierto que ésta como realización lingüística es la más universal, socialmente la escritura tiene mayor valoración excluyendo de paso los saberes de los “iletrados” al no ser validados por la tradición letrada. Situación que nos lleva a preguntarnos sobre ¿qué es y quién decide lo que se publica y, por consiguiente, lo que se lee?. Por otra parte, como quien escribe no conoce a sus lectores, debe escribir en un lenguaje desprovisto de los vínculos que atan el discurso con lo local.

Surge así en la escritura un lenguaje universal, mientras en los diferentes parajes del mundo se habla de una manera diferente y consiguientemente se viven realidades diversas. En efecto, en el caso de la difusión de los conocimientos escolares, con frecuencia se olvida que las perspectivas teóricas y los modelos que las sustentan son construcciones culturales matizadas por contextos históricos particulares, que a su vez determinan las concepciones de aprendizaje y que nos hace pensar en una suerte de diálogo de sordos al no reconocerse el contexto de las otras miradas.

Si bien es cierto que no se pretende un regreso a lo oral (a pesar del contexto creado por medios como el Internet, el beeper y el celular), de todas maneras es conveniente introducir una discusión acerca de la oralidad y de las posibles proyecciones que surgen de sus características en el ámbito escolar.

Es por ello conveniente considerar algunas relaciones entre la oralidad y la escritura en la escuela recordando siempre que se trata de realizaciones comunicativas interdependientes. Como veremos los dos tipos de lenguaje se diferencian en su lógica, en su desarrollo y en las condiciones de creatividad. Imaginemos un diálogo en el que los dos parlantes están vivenciando la conversación.

Cuando seguimos el desarrollo de la conversación nos encontramos con que lo que se dice es mucho más que la transmisión de algo que va de uno a otro. Lo que sucede es que lo que se dice no existía antes en quienes dialogan, surge en la conversación misma, es a partir de este hecho que se reconoce que la conversación es una fuente de conocimiento.

Es más, supongamos que un grupo de personas, adultos o niños deambulan por un bosque o por un centro comercial. Si alguno de ellos observa algo interesante, compulsivamente tiene que comentarlo y mostrarlo a los otros, si no lo hace es como si tal observación no hubiese existido. Las cosas y experiencias de vida existen en cuanto se comunican. Estas son experiencias de la conversación, en ellas se construyen las realidades.

Pero si se considera la conversación misma, nos encontramos con que, a diferencia del lenguaje escrito, se presentan lazos y bucles, se vuelve sobre lo mismo reitiradamente y, además, en el lenguaje oral se escapan y aparecen los temas de manera significativa como si se tratara de hiper-vínculos. Ya no es el lenguaje lineal que en lo escrito sigue los derroteros de la causalidad lineal, lo que encontramos son ires y venires en términos de analogías, hipérbolas o metáforas.

Es un entorno de creatividad, en el cual de manera espontánea se da lo que los nuevos epistemólogos denominan las emergencias en la interacción. Podríamos ahora a partir de lo dicho plantear algunas analogías, es que así como las leyes y las teorías, los algoritmos y procedimientos no son la ciencia, sino los resultados de la actividad científica y, así como los artefactos (el DVD o el celular o el ordenador) no son la tecnología, sino sus resultados, tampoco la creatividad está en lo escrito sino en la oralidad, lo escrito es el resultado del diálogo con nosotros mismos, de la conversación, la interacción íntima entre quienes unidos por propósitos comunes intercambian y al hacerlo crean, imaginan, sueñan otros mundos y permiten que en los procesos impredecibles surga lo inesperado.

La meta

Tenemos pues que recuperar la oralidad en la escuela es contribuir a la recuperación de la creatividad y la invención. En nuestra escuela usual, la conversación no es importante porque lo que suele hacerse en las aulas poco tiene que ver con la creación y la imaginación. Lo que se hace –desde la perspectiva del conocimiento– es muy poco ya que todo está enmarcado en el aprendizaje de informaciones (leyes, algoritmos, teorías, procedimientos, etc.) y para ello bastan la repetición y la memoria, aún sin la comprensión. Tenemos entonces que para transformar las cosas en la búsqueda de la creatividad, debemos propiciar el diálogo, esto es, las conversaciones en el aula.

Hacer que lo que se estudia suscite conversaciones significativas nos lleva a tres exigencias difíciles de lograr.

Por una parte, a conseguir que lo que se estudia y se trata de comprender sea de interés para los estudiantes, en otras palabras, que hablar de ello sea un imperativo. Por la otra, que valga la pena opinar en cuanto las metas de la conversación posean finales no previstos, de tal suerte que no se juzguen los resultados del discurso comparando lo que se dice con lo que afirmaban o afirmarían Newton o Mendel o cualquiera otro de los gigantes de la ciencia y, menos, con lo que afirma el maestro.

Y, entre ellos. Lo que se tendría entonces como clase se parecería más a un seminario, en donde se discute, se argumenta y se debate en un ambiente de búsquedas colectivas, que a un púlpito desde donde se predica la verdad.

Se trata de constituir en la clase entornos de creatividad que se concretan en las conversaciones que se suscitan a partir de problemáticas realmente significativas para quienes intervienen.

Se trata de propiciar la elaboración de metáforas en las búsquedas de explicación y descripción y de posibilitar la invención de vínculos (que son hipervínculos) y relaciones. Todos sabemos que mientras más se enriquezca la experiencia más ricas y complejas son las elaboraciones de similitud, analogía o metáfora y con ello más complejas son las propuestas.

Se trata, en fin, de posibilitar la invención, dándole herramientas a la creatividad en cuanto se reconocen sus elementos de recursividad. En la escuela de hoy se repiten y se aprenden las metáforas elaboradas hace años pero con frecuencia no se experimentan situaciones que nos muestren cómo es que estas fueron posibles y, más aún, que nos evidencie que nosotros estamos en capacidad de inventarlas.

Creemos que una escuela para la creatividad es una escuela en la que lo oral se instaura como núcleo de la actividad y lo escrito se mantiene como forma necesaria para dar cuenta de nuestros pensamientos, para difundir y para contrastar puntos de vista.

Si no se ha creado nada, lo único que nos queda es repetir lo que otros han creado.

P.-S.

Tomado de ARTE Y LENGUAJE, CREATIVIDAD Y ORALIDAD, de Gildardo Moreno y Dino Segura.

E.P.E. - Escuela Pedagógica Experimental

Teléfono: (+57 1) 6486823
Celulares: (+57) 3143824470 - 3143824445
Kilómetro 4,5 vía a la Calera
Bogotá D.C., Colombia

Derechos de autor:

Creative Commons License

Licencia de los contenidos

Licencia de los contenidos
El web de la EPE desarrollado por la Escuela Pedagógica Experimental - EPE se comparte bajo los términos de la licencia Creative Commons Reconocimiento - No comercial - Compartir bajo la misma licencia 2.5 (con Colombia como jurisdicción de referencia).
El sitio está en www.epe.edu.co.


Visitantes conectados: 2



Valid XHTML 1.1

Desarrollado por Atarraya