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Educación y futuro

Sábado 15 de abril de 2006, por Humberto Maturana

Mucho se dice en la actualidad sobre la necesidad de acomodar o ajustar la educación a las condiciones y necesidades que van a prevalecer en el siglo XXI. Esto es sorprendente por tres razones:

  1. No sabemos cómo va ser la vida en el siglo XXI, y cualquier predicción en ese sentido será solo una extrapolación de nuestra vida actual. Pero si nuestro modo actual de vida es lo que en verdad nos preocupa porque no lo encontramos satisfactorio, y si pensamos que la educación está en crisis porque refleja ese modo de vida ¿resulta adecuado que pensemos en un futuro definido a partir de nuestro actual presente como una continuación de él?

    Más aún, si el modo de vida que ahora vivimos en nuestro presente histórico, ha brotado de nuestro actual modo de sentir, desear, actuar y argumentar, y no nos gusta, ¿queremos ese futuro al cual nos llevas esa manera de sentir, desear y razonar?

  2. Nosotros los seres humanos creamos el mundo que vivimos en nuestra vida, es decir, el mundo que vivimos surge momento tras momento en el flujo de nuestro vivir. Pero si el mundo que vivimos surge momento a momento en el flujo de nuestra vida, ¿Cómo podemos entonces pretender especificar un futuro que no nos va a pertenecer porque surgirá en la vida de nuestros niños y no va a ser creado por nosotros? ¿Es que acaso deseamos privarlos de esa responsabilidad al especificar ahora el mundo que van a vivir como si fuera una jaula de la cual no pueden escapar?

    Actuamos ahora como si deseáramos que nuestros niños crezcan para crear un mundo que nosotros especificamos desde ahora en nuestra ignorancia del futuro y en nuestra falta de respeto hacia ellos. ¿Dónde los vivimos a ellos en todo esto?

  3. Nosotros, los seres humanos, vivimos en el presente: el futuro y el pasado son modos de estar en el presente. Si deseamos preparar a nuestros niños para que vivan en el futuro al hacer que nuestro presente sea su futuro, les negamos en su presente, atrapándolos en un mundo de vida que les es básicamente foránea, y les obligamos a buscar fuera de ellos mismos una identidad que les de sentido a su vida. Y sabemos que él o ella que busca su identidad fuera de si, por fuerza tendrá que vivir en ausencia de él o ella, siempre movidos por las opiniones y deseos de otros. Una persona como esa no tiene lugar en su propia vida, y tampoco le interesa.

Pensamos que el futuro debe surgir a través de la vida de los hombres y mujeres que van a construir el futuro con su vida. Y si deseamos un futuro en la conservación de la dignidad humana, mutuo respeto, colaboración y consciente responsabilidad ecológica y social, esos hombres deben ser personas íntegras que pueden ser autónomas y responsables de la vida que llevan porque actúan con autorrespeto. Tienen que ser hombres y mujeres amorosos, conscientes de su existencia social, dándose cuenta de que el mundo que viven surge del hecho de que ellos lo viven. Hombres y mujeres de ese tipo pueden emerger solo si nuestros niños no se tornan extraños a sí mismos; tales hombres y mujeres solo pueden existir si nuestros niños crecen con respeto de sí y conciencia social; hombres y mujeres de tal tipo pueden existir si nuestros niños crecen capaces de aprender cualquier cosa porque su identidad no reside en lo que ellos hacen sino en el hecho de que sean seres humanos que se respetan a sí mismos.

Es porque pensamos de esta manera que consideramos que la tarea de la educación es crear un espacio relacional en el que nuestros niños crecen ahora, en el presente como seres humanos responsables ecológica y socialmente que se respetan a sí mismos. Es decir, pensamos que la tarea de la educación es crear un espacio relacional en el que nuestros niños puedan crecer para vivir en el presente, en cualquier presente, conscientes del futuro posible o deseado, pero no alienados en ninguna descripción de él; un espacio relacional en el que nuestros niños puedan crecer como seres humanos en quienes se puede confiar porque se respetan a sí mismos, seres humanos capaces de reflexionar sobre cualquier cosa, y de hacer cualquier cosa que hagan como un acto consciente socialmente responsable. Nuestra intención en esta proposición es contribuir a crear tal espacio relacional.

P.-S.

Fragmento tomado de Transformación en la convivencia. Maturana, Humberto. Santiago de Chile: Océano, Dolmen 2002, 57

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